
Hace unos días se dieron a conocer nuevas estadísticas sobre el desempleo en Chile. La primera línea de la columna de El País lo dice todo:
“La crisis del desempleo de larga duración en Chile: ‘Es una realidad que se vive en silencio’.”
🔺 Las personas con 12 meses o más sin trabajo aumentaron un 69 % respecto de 2024.
🎓 La mayoría de ellas tiene educación superior completa.
Fuente: elpais.com
En Chile, el mercado laboral enfrenta tensiones estructurales que van mucho más allá de un simple número. Me llamó la atención esta columna porque le pone nombre y apellido a las estadísticas. Nos recuerda que, detrás de cada cifra, hay personas y familias que están viviendo momentos difíciles.
Estas son algunas realidades que no podemos ignorar:
⏳ La cesantía prolongada erosiona habilidades, genera estrés y ansiedad, y aumenta la vulnerabilidad económica.
👩💼 A pesar del desarrollo vertiginoso de la tecnología, las brechas de género persisten: el desempleo femenino sigue siendo más alto que el masculino.
🏗️ La escasa creación de empleo y la fragilidad del mercado formal evidencian la necesidad urgente de políticas de reconversión laboral y mejora de la productividad.
Como profesionales estrechamente ligados a la empleabilidad, estas cifras nos impulsan y desafían a seguir mejorando cada día en las funciones que desarrollamos.
Recuerdo una conversación con una persona que acompañé en su proceso. Le dije: «A veces las cosas no resultan como esperamos. Siempre hay nuevas oportunidades; debemos esperarlas. Tener presente este concepto nos ayuda a transitar con mayor fortaleza los momentos difíciles».